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Romances Literarios entre los Vaqueros y Vaqueras de Lena

Romances Literarios entre los Vaqueros y Vaqueras de Lena

Algunos alumnos y alumnas del Instituto de Bachillerato “Benedicto Nieto”, en sus trabajos monográficos de clase, recogieron como actividad literaria una serie de romances supervivientes escuchados a sus güelos y güelas, quienes,  a su vez, los habían oído a los pastores extremeños, que cada otoño volvían con sus merinas a los pastos altos de La Vachota, El Meicín, Cheturbio, Güeria... (publicados en las revistas Esquisa lenense y Andecha).

Una versión muy frecuente en Lena es el tema de Rosina Encarnada (la casadera casada), más conocida a través de los romances de ciego, que aparecen en El príncipe destronado, de Miguel Delibes. La versión lenense dice así:

-Al marcharme a la guerra, Rosina,
me decías que no me olvidabas,
y ahora que vuelvo a casarme contigo,
resulta que ya estás casada.
Si te acuerdas del pañuelo blanco
que del África yo te mandé;
si te acuerdas del pañuelo blanco,
Rosina, devuélmele.
- Esta culpa tuvieron mis padres:
el haberme olvidado de ti;
que intentaron el darme la muerte,
si volviera a hablar más de ti.
- Si tus padres tuvieron la culpa,
y la muerte te han querido dar,
ahora vas a pagar tú por ello,
con la vida, Rosina encarnada.
- Si es que traes puñal de dos hilos,
y la muerte me vienes a dar,
temerás esta fiel criatura,
que en mi seno gozando ya está.
- Yo no mato esa fiel criatura,
que es un ángel que vive inocente:
cuando nazca y en el mundo ya esté,
a ti sola te daré yo esa muerte.
Ya dio a luz la Rosina encarnada,
una niña más bella que el sol,
y de nombre le han puesto Rosina,
porque su padre así lo ordenó.
A los quince días se fue a misa,
y su novio al encuentro salió.
- Buenos días, Rosina encarnada,
vengo a cumplir mi intención.
- Si es que traes puñal de dos hilos,
y la muerte me vienes a dar,
temerás de que preso te lleven,
y la guardia civil vaya detrás.
- Yo no temo que preso me lleven,
y la muerte yo te vengo a dar.
Y sacando un enorme puñal
a Rosina la empieza a clavar,
y a los llantos que daba de angustia,
su marido al encuentro salió.
- Dime, dime, Rosina encarnada,
dime, dime, quién fue ese traidor.
- Esta culpa tuvieron mis padres:
el haberme casado contigo,
y el haberme a un hombre juntado,
que jamás en la vida he querido.
Y una carta aquí dejó escrita
para todas las mozas solteras:
que no den palabra a otro hombre,
mientras tengan su novio en la guerra.

Otros versiones de romances siguen vivos en la memoria de nuestros mayores en los pueblos, algunos recogidos en diversas revistas y trabajos escolares (en parte, publicados ya):
el romance de la Loba parda, y otros que se suman al romancero asturiano en sus diversos temas: “la esposa desdichada”, “la vuelta del marido”, “la boda estorbada”, “la adúltera”, “la serrana de la Vera”..., y semejantes.

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