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Santa Cristina de Lena

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Santa Cristina de Lena

Joya arquitectónica singular del prerrománico ramirense (finales del s. IX), ya declarado Monumento Histórico Artístico en 1885, y Patrimonio de la Humanidad un siglo después.

Destaca el emplazamiento de la ermita en un rellano saliente sobre la misma cuenca del río Lena, sobre La Covecheta y Palacio (parroquia de San Lorenzo de Felgueras).

Este dato, con otros restos arqueológicos encontrados en la campa circundante, hace pensar en la conexión de la llamada capilla actual con toda una cadena de culturas y emplazamientos precristianos: desde el altozano alomado de Santa Cristina se divisa buena parte de Lena y Güerna en las dos direcciones del valle.

Además, como dato toponímico de relieve, destaca la coincidencia del lugar de La Cobertoria (poblado justo bajo el monumento), y los altos de La Cobertoria (nombre idéntido), en las cimas de Brañavalera (unos 1200 m de altura), con abundantes restos documentados de túmulos y dólmenes. Completan el mosaico toponímico otros lugares que rodean la ermita por las distintas laderas del contorno, todos ellos con resonancias prerromanas y castreñas: El Curuchu, Corros, Castiecho, Los Castiechos, Carabanés, Penedrá (tal vez, ‘peña adorada’), y otros semejantes.

En la situación estratégica de Santa Cristina todo hace pensar, por tanto, en una reutilización estratégica de algún emplazamiento prerromano inmemorial, que, tras varias funciones, se convirtió en capilla actual. Con un detalle más:
como remate de las columnitas en la ventana-este de la capilla (parte posterior), en forma de pequeños capiteles, hay unos búhos justamente orientados al dolmen de Carabanés (monumento megalítico conservado en los altos de Espines).

Estos búhos pudieran prolongar en el tiempo un monumento y unos cultos que podrían haber llegado muy transformados a épocas medievales y hasta estos mismos días: el material marmóreo de los búhos (más bien mate y blanquecino), tosco, sin pulir, contrasta con la naturaleza de toda la piedra en el resto del edificio (granito, toba, grenu...), más oscura, blanda, porosa... En fin, la misma celosía interior con fecha 634 se interpreta ya como “mortuoria” entre algunos especialistas; por tanto, anterior a la ermita, asimismo.

Completa el entorno popular de Santa Cristina una leyenda escuchada tiempo atrás a unas muyeres muy mayores ya: que una joven había decidido hacerse monja, contra la voluntad de su padre pagano, quien la amenazó de antes quemarla viva en un recipiente de aceite; como la hija no cambiaba de opinión, su padre llevó a cabo la amenaza. Pero se produjo el milagro y la joven no quemaba: el padre la martirizó entonces a golpes.

Quedó esta voz popular, ya muy difusa hoy entre algunos mayores del valle.

Como edificación medieval, Santa Cristina es de planta única rectangular abovedada (unos 10 x 6 m), más cuatro espacios rectangulares adosados colateralmente de forma simétrica.

En la parte superior está la tribuna real, a la que se asciende por medio de una escalera de piedra adosada. Varias bóvedas son de piedra toba (piedra porosa, muy preciada para las construcciones delicadas).

Una trabajada decoración completa en interior del monumento: cancel, iconostasio, celosías, calados romboidales, retículas, arquerías triples, tallas de bisel, capiteles corintios, hojas de acanto, clípeos con figuras animales...  

Orientado al saliente está el altar, colocado entre dos columnas de forma atípica y forzada. Varias celosías, arcos y contrafuertes completan este monumento con más aspecto de palacete: no tiene retablos ni otras imágenes propias.

La única imagen de la ermita parece reciente: dice la voz de estos pueblos que fue traída de una desaparecida capilla en Santa Cristina de Xomezana. Buena parte de la cara sur del monumento fue reconstruida después de la guerra.

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