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la Vegetación Lenense

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la Vegetación Lenense

En este entorno natural lenense, destacan abundantes especies botánicas, muy variadas en sus tonos según la altura y la época del año:

árbolado mayor como las fayas (Fagus sylvatica (Taxus baccata), roble albar (Quercus petraea), pochiscos y rebochos córcabos (Quercus pyrenaica), abidules (Betula alba), xabú (Sambucus nigra),  fresnos, alcafresnos, espineras, cornapú (Ligustrum vulgare L), chameras (Ulmus montana Wit), negrillos (Populus nigra L), salgueros y salgueras (Salix alba L, Salix caprea L); y tantos frutales como nozales, castañares, figares, ablanos y ablanares, mostayales, piruyales, carapanales (un híbrido de peral insertáu en espinera)...; o arbustos, malezas y otras plantas, como nieblos (el enebro, Juniperus communis L), gorbizos y gorbizas, érgumas, peornos, vegambre, venceyas, blime, gayubas, yesca...

O floritos (plantas medicinales) como arzolia, xanzaina, xistra, carquexa, axenxo, celedonia (cirigüeña), té de monte, oriégano, flor del pericón, lique...

Todos ellos, con sus flores, sus cortezas, o sus hojas brotadas a destiempo, permiten una “lectura” correspondiente, siempre distinta y polícroma según la estación del año y la altura del paraje: primero, los abedules; poco a poco, las cerezales; luego, las fayas....; finalmente, las castañares....

De abajo arriba, se va dibujando así el mosaico variado de cada valle.

Mención especial merecen los pequeños conjuntos de carrascos y de acebos, a menudo confundidos en cualquier manual: los primeros, con los punzantes pinchos que justifica el nombre (Ilex aquifolium L); los segundos, en cambio (Ilex altaclarensis cv), sin ellos, con sus aristas más suaves. Se conservan acebales y carrascales en los parajes de Brañavalera, El Barral, Acebos, La Vega’l Puzu, Los Invernales, Valgrande… Por el invierno arriba, estos pequeños bosques siempre verdes sirven de alimento y de cobijo a numerosos animales (silvestres y domésticos) que han de pasar el invierno a campo abierto.

Es ya típica la imagen del árbol hembra junto al árbol macho, en cada una de las subespecies: el primero (el árbol fema), siempre cargado de bayas intensamente rojas, o anaranjadas a medida que se vuelven más maduras; el segundo (el árbol machu), a pocos metros de dis-tancia, pero sin frutos.

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